Lourdes Casanova - Economía Exterior 59
Profesora del Departamento Estratégico de INSEAD.
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Los flujos de inversión siempre se habían movido entre Europa y Estados Unidos. En esta nueva fase de la globalización, la inversión ha crecido de forma espectacular entre los países emergentes y desde estos al mundo desarrollado. Hoy el sueño latinoamericano reemplaza al americano.
¿Qué idea le ronda en la cabeza para que Uruguay sea un país mejor? Ese fue el desafío que El Observador les propuso a destacados profesionales.
Desde clases particulares para niños carenciados hasta una nueva filosofía de intolerancia frente al delito, todos aportaron su iniciativa para construir la sociedad del año 2012.
A través de una revisión de los mecanismos que conforman el proceso de integración de América Latina, este trabajo reúne los elementos que permiten hacer un balance de sus 50 años. El documento presenta el desarrollo que han tenido cuatro aspectos fundamentales del proceso: la integración comercial, la institucionalidad de los mecanismos de integración económica-comercial, la infraestructura física y los actores del proceso. Cada uno de estos aspectos es analizado en sus antecedentes, alcances y aportes. En particular, se destaca la fragmentación del proceso, la baja proporción del comercio al interior de cada esquema, el escaso desarrollo de disciplinas comerciales para la liberalización comercial y el reto del tratamiento de las asimetrías entre países miembros, así como la debilidad institucional y factual. Todo ello contrasta con la integración invisible que actores del sector productivo han impulsado en la región ante la evidencia de que ésta se percibe como un lugar atractivo para hacer negocios. Las autoras plantean algunas líneas de acción que permitan replantear un proyecto de integración latinoamericana, a partir de un decidido apoyo político al más alto nivel, para hacer frente al difícil e incierto escenario mundial, de tal suerte que la región en su conjunto pueda constituirse en un gran mercado de más de 500 millones de habitantes con perspectivas positivas de crecimiento y empleo.
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Una y otra vez nos queda claro que cuando Estados Unidos estornuda, a nosotros nos da gripa. De hecho, en días pasados se hizo evidente el contagio con la rebaja del crecimiento económico estimado de México para 2011 -de 4.2 a 3.8 por ciento- ante un menor crecimiento en nuestro vecino del norte: 1.7 en vez de 2.7 por ciento. Todo parece indicar que ese país tiene una severa gripe, lo que nos pone en riesgo de contraer pulmonía. Si pretendemos evitar un contagio grave, requerimos acercarnos a mercados más sanos, y éstos están al sur de nuestras fronteras.
Devueltos por la crisis
El 25% de los que vuelve tiene un nivel educativo alto, y 8 de cada 10 están en edad de trabajar. Ahora, el regreso no siempre es el soñado. ¿El país está preparado para recibir ese aluvión?
Daniela Bluth
Cada día, 17 personas esperan en una sala a ser atendidos por un funcionario de la oficina de Retorno y Bienvenida del Ministerio de Relaciones Exteriores. Buscan asesoramiento legal, laboral, social y hasta afectivo. Pero el personal está desbordado. Por hora recibe entre dos y tres llamadas telefónicas o mails con consultas. La mayoría viene del hemisferio Norte, pero también hay de la región. Según sus registros, en lo que va de 2011 la cantidad de uruguayos que vuelve al país cada mes se triplicó respecto a 2009, alcanzando un promedio de 350 "retornados".
Desde los ochenta el desarrollo económico de México ha sido mediocre e inercial. En promedio, la tasa anual de crecimiento entre 1982 y 2010 fue 2.2%. Aunque se prevé que en 2011 podría crecer alrededor de 5% con ello sólo se volverá a los niveles de 2008 después de la estrepitosa caída de 6.1% del PIB en 2009.
En las últimas tres décadas el desempeño de la economía mexicana ha dependido del exterior; es decir, de la exportación –sobre todo de manufactura y maquila–, la inversión extranjera, el petróleo, las remesas y el turismo. La crisis desatada en 2008 demostró la grave vulnerabilidad de la economía mexicana a factores externos sobre los que tiene poco o ningún control. Asimismo, los efectos para el sector productivo nacional y el empleo obligan a plantear nuevamente la pregunta ¿cómo llevamos a México a la ruta del crecimiento que el país requiere?
Las inversiones chinas sumaron más de 15,000 mdd en América Latina durante 2010, según la CEPAL; al territorio mexicano llegaron sólo 5 mdd, que contrastan con los 9,563 mdd que recibió Brasil.
China se ha convertido en el tercer inversionista más importante de América Latina, situación que no ha sido aprovechada por México.
En medio de un fuerte ambiente de competencia comercial y por flujos de inversión extranjera directa, México ha desaprovechado la oportunidad de diversificar mejor su mercado y orientarse hacia las economías asiáticas, de acuerdo con estadísticas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Si uno hace una búsqueda en internet sobre los Tratados de Libre Comercio con Perú y Brasil o la ampliación del TLC con Colombia, encontrará que las notas más visibles son negativas y en su mayor parte están relacionadas con el sector agrícola: "Frente común del sector agropecuario contra el TLC" o "Una amenaza para el campo mexicano".
No es extraño que esto sea así. Los grupos que consideran que podrían ser afectados por una mayor competencia se pueden coordinar fácilmente para articular estrategias de comunicación y cabildeo con el fin de mantener el statu quo.
Con un crecimiento de 10.3% en el Producto Interno Bruto, China se convirtió en la segunda economía mundial desplazando a Japón al tercer lugar.
De acuerdo con los expertos, si un país latinoamericano creciera a las tasas del gigante asiático, no habría afectación en la economía mundial. Pero en el caso de China, con una población de alrededor de 1,350 millones, esas tasas de crecimiento se dejan sentir en la economía mundial, así como en la demanda de materias primas y de energía.






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